Es posible tener una vida sexual con una discapacidad

Las personas con discapacidad también tienen derecho a vivir su sexualidad plenamente. Para ello, se debe comenzar con una educación diversa e incluyente, así como implementar políticas públicas que garanticen los derechos de estas personas.

La sexualidad es una parte integral de la personalidad de todo ser humano y para que ésta se pueda desarrollar plenamente depende de otras necesidades biológicas como el amor, el contacto físico, la expresión emocional, la intimidad, el placer y la ternura, entre muchas otras.

Los derechos sexuales garantizan la libertad, dignidad e igualdad para todos los seres humanos al considerar la salud sexual como un derecho humano básico en donde se reconocen y se respetan:

  • El derecho a la libertad sexual, es decir, la plena expresión del potencial sexual de los individuos.
  • El derecho a la autonomía sexual, integridad sexual y seguridad del cuerpo sexual. Aquí se incluye la capacidad de tomar decisiones de forma autónoma sobre nuestra vida sexual, así como el disfrute de nuestro cuerpo.
  • El derecho a la privacidad sexual.
  • El derecho a la equidad sexual, es decir, sin sufrir discriminación de ningún tipo.
  • El derecho al placer sexual.
  • El derecho a la expresión sexual emocional.
  • El derecho a la libre asociación sexual.
  • El derecho a tener opciones reproductivas, libres y responsables. Aquí se incluye el derecho a tener hijos o no, cuántos, con que diferencia de edad así como el acceso a la información y uso pleno de los métodos anticonceptivos.
  • El derecho a información basada en el conocimiento científico.
  • El derecho a la educación sexual comprensiva.
  • El derecho al cuidado de la salud sexual.

Las personas con discapacidad, en específico, tienen derecho a:

  • El acceso a servicios de salud.
  • Ser informados sobre su sexualidad.
  • Tomar decisiones que afecten su vida.
  • Escoger el estado civil que más le convenga.
  • Procrear.
  • Ser incluidos en campañas de promoción de la salud sobre métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual y prevención de abusos físicos y sexuales de sus hijas e hijos con alguna discapacidad.
  • Que se garantice el acceso a la información, educación, salud, cultura y ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos en completa igualdad con los demás.
Aquí podrás encontrar un listado de clínicas ginecológicas en donde se llevan a cabo consultas en completa igualdad de derechos a los servicios de salud.

Si todas las personas, sin importar su condición, tienen necesidades físicas, biológicas y sociales entre las que se incluye la sexualidad ¿por qué habría de ser diferente con aquellas que sufren alguna discapacidad?

Rompiendo el mito de la asexualidad

La sexualidad y la discapacidad son dos palabras que por lo general no van de la mano e incluso podría considerarse un tema tabú.

Uno de los principales problemas cuando se trata de cambiar la idea de que las personas con discapacidad no pueden ser personas sexuales, es que se les encasilla como seres infantiles que no desarrollan su sexualidad o, en el polo opuesto, como hipersexuados que no pueden controlar sus impulsos.

Hoven con Síndrome de Down besa en la frente a una joven con Síndrome de Down mientras le acaricia la cara con las manos.

Lo anterior es completamente falso. La discapacidad, ya sea motriz o intelectual, no se liga al tema de la sexualidad porque es algo que se ignoró por muchos años, décadas incluso, y que aún causa incomodidad. Esto se debe a varios factores, como los mencionados previamente (la infantilización de las personas con discapacidad), la sobreprotección hacia estos individuos, las pocas oportunidades que tienen las personas con discapacidad para iniciar y/o fortalecer relaciones íntimas, así como la dinámica social que no presta atención a las necesidades y derechos de estas personas.

La realidad es que si tienes una discapacidad puedes llevar una vida sexual satisfactoria. ¿Cómo se puede lograr esto?

  • Dejar de pensar únicamente en la sexualidad como el coito. Existen muchas otras conductas que se pueden practicar, las cuales son claves para el desarrollo emocional y generan satisfacción como la masturbación, las fantasías sexuales, el enamoramiento, el coqueteo y el deseo de atraer y ser atraído, entre otras.
  • Promover la independencia de las personas con discapacidad para que así puedan establecer relaciones de amistad o relaciones íntimas. Esto implica que las personas con discapacidad disfruten de privacidad, algo que no siempre sucede.
  • Utilizar las diferentes técnicas de sensibilización, como la amplificación sensorial, la cual tiene como objetivo identificar y hacer conciencia de las sensaciones corporales, aumentando el gozo con la estimulación.

El panorama actual: aún queda mucho por hacer

Es de suma importancia crear espacios en donde se atienda, se informe y se proteja a los sectores más vulnerables de la población mexicana, particularmente a las personas con alguna discapacidad.

Hoy en día, el Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad (CONADIS) es el principal organismo que establece políticas públicas para proteger los derechos de estos individuos y aunque cuentan con el Programa Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad 2014-2018 en donde una de sus líneas de acción es promover corresponsabilidades de salud que contemplen la asistencia de personas con discapacidad a sesiones de orientación de salud sexual y reproductiva, es evidente que aún falta mucho por hacer por parte del gobierno.

Ante esta carencia de acciones y recursos es que surgen las organizaciones civiles, como Geishad y Ave de México, que buscan explotar la capacitación, asesorías y atención profesional de la sexualidad humana en cuanto a la discapacidad, de manera que imparten cursos, talleres y diplomados con esta temática, además de realizar eventos y proyectos relacionados que impulsan la información alrededor de la sexualidad.

La importancia de una educación inclusiva

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2014 del INEGI, de los 119.9 millones de personas que habitan el país, 6% (7.1 millones) tienen discapacidad y 13.2% (15.8 millones) reportan tener limitación para realizar al menos una de las actividades sobre las cuales se indaga [caminar, subir o bajar usando sus piernas; ver (aunque use lentes); mover o usar brazos o manos; aprender, recordar o concentrarse; escuchar (aunque use aparato auditivo); bañarse, vestirse o comer; hablar o comunicarse; lo relacionado a problemas emocionales o mentales].

Ante este panorama, es vital la necesidad de normalizar en lugar de excluir o excepcionalizar a las personas con alguna deficiencia o discapacidad, evitar hacer juicios de valor que impriman ideas sobre “qué es lo normal” y “qué es lo anormal” y más bien fomentar prácticas educativas de la sexualidad, así como una mirada de sociedad inclusiva y diversa en donde se les garanticen sus derechos, puedan expresar su sexualidad, tener pareja y formar una familia.

Asimismo, se necesita que las personas con diversas discapacidades tengan una adecuada educación sexual para que identifiquen su situación y eviten ser víctimas de abuso, además de sentirse cómodas con su sexualidad y no se les estigmatice.

El hecho de tener una discapacidad no limita la posibilidad de llevar una vida sexual satisfactoria, ya que ésta puede practicarse de muchas formas, dejando atrás convencionalismos y rescatando la esencia de que la sexualidad va más allá de un acto sexual, es una experiencia que conecta con el placer corporal con el deseo y la felicidad.

Author: Maria Sofia Saucedo

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